Respetable Simbólica Meritoria y Nonagenaria Logia Veritas Vincit #13 | R∴E∴A∴A∴ Or∴ de Bogotá
Sello de la Respetable Simbólica Meritoria y Nonagenaria Logia Veritas Vincit número 13 Veritas Vincit #13 R∴E∴A∴A∴ · Or∴ de Bogotá
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Respetable Simbólica Meritoria
y Nonagenaria Logia
Veritas Vincit #13

Veritas Vincit — la verdad vence

Adscrita a la Gran Logia de Colombia

Somos un taller masónico regular dedicado al perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano y al servicio de la sociedad. Esta página reúne información pública y educativa sobre la Orden, sus principios y su simbología.

{{ anios }} años · logia nonagenaria 1934 — {{ anioActual }} · sin interrupción
Sello de la Respetable Simbólica Meritoria y Nonagenaria Logia Veritas Vincit número 13: escuadra y compás entrelazados sobre una antorcha encendida, coronados por el delta luminoso con el ojo de la providencia

01 — Introducción

¿Qué es la Masonería?

La Masonería es una institución filosófica, filantrópica y progresista que trabaja por el mejoramiento del ser humano y de la sociedad. No es una religión, ni un partido, ni una empresa: es una escuela de formación moral que se sirve de símbolos heredados de los antiguos constructores para enseñar principios éticos.

Sus miembros se reúnen en talleres llamados logias, donde practican la fraternidad, el estudio y el debate respetuoso. La Orden proclama la libertad de conciencia, la igualdad esencial de todos los seres humanos y la fraternidad como vínculo entre personas de creencias, oficios y orígenes distintos.

El trabajo masónico es interior antes que visible: se resume en la idea de pulir la piedra bruta, es decir, corregir en uno mismo aquello que estorba a la convivencia y a la verdad. Su proyección exterior es la filantropía y el compromiso cívico.

02 — El Rito

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado

El R∴E∴A∴A∴ es el sistema masónico más difundido del mundo. Sus raíces se encuentran en la Francia del siglo XVIII, donde los llamados grados escoceses enriquecieron la masonería de origen británico con una enseñanza filosófica más extensa. Ese cuerpo de grados fue ordenado y promulgado a comienzos del siglo XIX, y desde entonces se practica en los cinco continentes.

El Rito comprende 33 grados. Los tres primeros constituyen la masonería simbólica o azul, que es la que se practica en las logias como la nuestra; los grados siguientes, llamados filosóficos, profundizan la misma enseñanza ética y se confieren en cuerpos distintos. Ningún grado otorga privilegio sobre otro: todos los masones son iguales, y el grado indica responsabilidad y estudio, no jerarquía humana.

I

Aprendiz

El primer grado. Se dedica al conocimiento de sí mismo, al silencio atento y al desbaste de la piedra bruta: reconocer los propios defectos y empezar a corregirlos.

II

Compañero

El segundo grado. Se orienta al estudio, a las artes y las ciencias, y a la aplicación del criterio propio: el trabajo se vuelve instruido y se abre al mundo.

III

Maestro Masón

El tercer grado, plenitud de la masonería simbólica. Enseña la fidelidad a la palabra dada, la serenidad ante la muerte y el deber de transmitir lo aprendido.

03 — El Taller

Nuestra Logia

La Respetable Simbólica Meritoria y Nonagenaria Logia Veritas Vincit #13 trabaja en el Oriente de Bogotá desde 1934, bajo la obediencia regular del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Reúne a hombres libres y de buenas costumbres que, viniendo de profesiones y creencias diversas, coinciden en una misma exigencia: pensar con rectitud y obrar con honor.

El taller está adscrito a la Gran Logia de Colombia, potencia masónica que desde 1922 reconoce como regulares a las Respetables Logias Simbólicas del país, conforme a la tradición de la Gran Logia Unida de Inglaterra, y en cuyo cuadro figura Veritas Vincit con el número 13.

Nuestro nombre declara el compromiso del taller. Veritas Vincit —la verdad vence— afirma que ninguna conveniencia está por encima de lo verdadero, y que la búsqueda honesta, aun cuando incomode, termina siempre por imponerse. Es a la vez una divisa y una disciplina.

Noventa y dos años de columnas levantadas sin interrupción hacen de este taller uno de los de más larga continuidad en el Oriente de Bogotá: generaciones sucesivas de hermanos han sostenido los mismos trabajos desde 1934, atravesando la historia del país sin cerrar jamás el templo.

Los trabajos de la logia comprenden tenidas regulares, presentación y debate de planchas de estudio, formación de los nuevos miembros, actos culturales abiertos y obras de beneficencia dirigidas a las comunidades del Oriente.

Aniversario

{{ anios }} años de
trabajos

Fundación

1934 E∴V∴

Oriente

Bogotá, Colombia

Rito

Escocés A∴ y A∴

Obediencia

Gran Logia de Colombia

Grados que confiere

Simbólicos I · II · III

Al ingreso del templo

Las dos columnas y el pavimento de mosaico

Dos columnas flanquean la entrada de toda logia, según el modelo del pórtico del templo de Salomón descrito en el Libro de los Reyes. Se las designa con las iniciales J y B, y su lectura pública es sencilla: una recuerda que la obra necesita establecimiento, un fundamento firme; la otra, que necesita fuerza para sostenerse. Juntas enseñan que ninguna virtud basta por sí sola y que el equilibrio nace de los contrarios.

Entre ellas se extiende el pavimento ajedrezado de losas blancas y negras. Es la imagen de la condición humana y del mundo tal como es: alegría y dolor, acierto y error, luz y sombra alternándose sin que se pueda tener lo uno sin lo otro. Sobre ese suelo —y no sobre otro— camina el masón, aprendiendo a mantener el paso firme en ambas casillas.

Belleza y Fuerza

Columnas J y B · Pavimento mosaico

J B

04 — Fundamentos

Principios y Valores

I

Libertad

Libertad de conciencia y de pensamiento. Nadie es admitido ni juzgado por sus creencias, y ninguna verdad se impone: se propone, se examina y se discute.

II

Igualdad

Dentro del taller no cuentan la fortuna, el cargo ni el apellido. La palabra de cada hermano vale lo mismo y se escucha con idéntico respeto.

III

Fraternidad

El vínculo que une a los miembros de la Orden y que se extiende, fuera del templo, a toda la familia humana sin distinción alguna.

IV

Tolerancia

No la indiferencia, sino el respeto activo por quien piensa distinto. En logia están proscritas las querellas religiosas y partidistas.

V

Búsqueda de la Verdad

Divisa de este taller. La verdad no se posee: se busca con método, con estudio y con humildad, y se prefiere siempre a la comodidad del prejuicio.

VI

Solidaridad

La filantropía como consecuencia natural de la fraternidad: socorrer al necesitado y contribuir, discretamente, al bien de la comunidad.

05 — Lenguaje simbólico

Simbología

La masonería enseña con herramientas de cantero convertidas en símbolos morales. Lo que sigue es su lectura pública y general, la misma que puede encontrarse en cualquier biblioteca.

La Escuadra

Instrumento que verifica el ángulo recto. Simboliza la rectitud en los actos y la justicia en el trato con los demás: obrar «a escuadra» es obrar con honradez.

El Compás

Traza el círculo y fija sus límites. Representa la medida de las propias pasiones y la prudencia: saber hasta dónde extenderse sin invadir el espacio ajeno.

La Plomada

Verifica la verticalidad del muro. Es la imagen de la rectitud interior y del examen de conciencia: el aplomo con que cada uno debe sostenerse.

El Nivel

Comprueba la horizontalidad. Es el emblema de la igualdad: en la logia todos ocupan el mismo plano, cualquiera sea su condición en el mundo profano.

La Piedra Bruta

El material tal como sale de la cantera. Representa al ser humano con sus asperezas y defectos, y el trabajo paciente que debe emprender sobre sí mismo.

La Piedra Cúbica

La misma piedra ya labrada, apta para el edificio. Símbolo del carácter formado, capaz de sostener a los demás y de encajar con ellos en una obra común.

Las Columnas J y B

Los dos pilares del pórtico del templo. Una significa establecimiento y la otra fuerza: toda obra duradera necesita a la vez fundamento firme y vigor para sostenerse.

El Pavimento Mosaico

Suelo ajedrezado de losas claras y oscuras. Retrata la alternancia de la vida —dicha y adversidad, error y acierto— y enseña a caminar con igual firmeza sobre ambas.

El Delta Luminoso

Triángulo radiante situado en el oriente del taller. Evoca la luz del conocimiento que preside los trabajos y el principio superior que cada uno concibe según su conciencia.

La luz que se transmite

La antorcha encendida

En el centro de nuestro sello arde una antorcha. No alumbra por sí sola: alguien la encendió antes y alguien habrá de recibirla después. Esa es la imagen que este taller eligió para representarse —la enseñanza como fuego que se entrega de mano en mano— y la razón por la que un trabajo iniciado en 1934 sigue ardiendo noventa y dos años más tarde.

La luz es, en el lenguaje masónico, el conocimiento que disipa la ignorancia; recibirla no es un privilegio sino un encargo. Por eso el masón no guarda la llama: la sostiene mientras le corresponde y se ocupa de que pase encendida a quienes vienen detrás.

06 — Biblioteca del taller

Secretos de la Historia · Tomo I · Entrega I

La masonería en la independencia de América

Por Américo Carnicelli

1810—1830 · Bogotá, 1966

Treinta y cuatro años de archivos parroquiales, sacristías y actas de logia para sostener una sospecha incómoda: que buena parte de la emancipación americana se fraguó a puerta cerrada. Esta primera entrega reproduce íntegros el prólogo y el capítulo inaugural de la obra.

Documento histórico. El texto se conserva en su español original de 1966.

Prólogo — por Jacobo Casij PalenciaPágs. 13–16

Un virginiano que se hizo colombiano, treinta y dos años de papeles viejos y una galería de próceres exhumados del olvido.

He aquí una obra destinada a mostrar apasionantes aspectos de nuestro pasado. El autor, —luchador tenaz—, con vigorosa persistencia no exenta de costosos sacrificios personales, ha logrado darnos una imagen desconocida del drama y de los actores de nuestra lucha emancipadora. En el futuro para entender mejor los acontecimientos de nuestro siglo XIX y para juzgar a los hombres de aquella época, habremos de recurrir, como referencia obligada, a esta versión distinta de la Historia de América.

Italo estadinense nacido en Richmond de Virginia, cuando no más medio siglo antes la esclavitud y la servidumbre habían florecido allí frondosas, como el tabaco rubio de sus campos, Américo Carnicelli, lejos de absorber aquel infamante prejuicio regional, desde la infancia nutrió su espíritu en los principios de libertad, igualdad y fraternidad, ideales que en aquel grande y contradictorio país, Washington, Jefferson y Lincoln habían consagrado como normas de conducta para enaltecer la dignidad del hombre.

Cuando muy joven Carnicelli viaja a Italia, y ya lleva encendida en su conciencia la llama ardiente de su pasión por las ciencias sociales y por la historia. Mas contrariando su propia vocación, se ve obligado a estudiar cuestiones comerciales para regresar a los Estados Unidos al lado de sus padres, cuya presencia reclaman.

Un afán de indagar lo inescrutable, oculto y misterioso, lo impulsa luego a asomarse a ese vasto continente de la América Tropical que al Sur de su Patria se debate entre ensayos de democracia y prácticas de tiranía. Se aventura a viajar a los territorios que circunda el mar Caribe, por donde los “Infantes de la Marina” vienen haciendo sus travesuras desde principios del Siglo, hasta que en el año de 1930, le toca escuchar y presenciar en Colombia el estrepitoso derrumbe de una vieja hegemonía, abatida por la acción masiva de gentes deseosas de cambio, de seguridad, de trabajo creador, de esperanzas de redención. Carnicelli cree entonces haber descubierto un nuevo mundo para sus anhelos de libertad, y planta aquí toldas de campaña para su lucha por la vida, sin presentir que estaba desde ya, edificando firmemente en la tierra colombiana que habría de acogerlo como vástago propio.

Empieza a desplegar sus actividades profesionales, pero su terca predilección por los hechos históricos, lo lleva a alternar entre la visita a comerciantes y el palique con intelectuales: entre el trajín de su oficio y la investigación del pretérito: entre los establecimientos mercantiles y las salas de lectura. Así, como inmerso en un torbellino, lo va abandonando todo, para rondar en torno de los documentales históricos que borbotan de debajo del polvo de los siglos en nuestros archivos oficiales y privados. Carnicelli deambula por bibliotecas, notarías, archivos masónicos y sacristías en una actitud sensual de poseer los documentos que ha deseado apasionadamente, y en cuya búsqueda, se ha topado con los próceres americanos. Los que la fama exalta y los anónimos y con quienes ha querido crear una excelsa galería. Allí con Bolívar, Nariño, Santander, Miranda, San Martín, O’Higgins, lucirán también revivientes, las otras figuras de los combatientes de la libertad que Carnicelli ha exhumado del olvido, porque no se resigna a admitir que la Historia sea un vasto cementerio sino vivido escenario de la actuación del hombre, en su lucha por el progreso.

Ya en la cima de una vida ejemplar, después de haber devuelto a la tierra los despojos mortales de la esclarecida dama que lo colmó de delicados afectos, el virginiano, satisfecho, nos ofrece un copioso caudal de papeles viejos que le han servido para mostrarnos la urdimbre oculta de nuestros hechos históricos.

La obra

Durante más de 32 años Carnicelli fue reuniendo los elementos de esta obra, en cuya tarea se despojó de artificios, en gracia de conservar su autenticidad original. En su presentación ha seguido un método cronológico para que el lector no pierda el hilo escondido que ató a unos hombres con otros, y a estos con los acontecimientos e instituciones que determinaron el proceso de nuestra gesta emancipadora, e influyeron en la etapa inicial de nuestra vida republicana.

Es sabido que desde el Siglo XVII y en el decurso del XVIII, se desató en Europa soterrada o abiertamente, una violenta hostilidad contra el Imperio Español. Principalmente Inglaterra, Francia y Holanda desplegaron su astucia para canalizar esfuerzos hacia un objetivo común:

distraer las energías y los recursos de España, mientras conquistaban tierras y más amplios mercados a este lado del Océano, forzados por los requerimientos angustiados de su propio desarrollo. Encadenados por el interés común, en tácita alianza demoníaca, desataron una lucha sin pausas para hacer posible lo que les era necesario: Abatir un imperialismo para que el mundo renaciente no tuviera problemas de crecimiento. No habría miramientos en los medios para lograr el fin, sobre todo cuando las necesidades propias de cada una de esas Naciones, ahora se identificaban con los intereses económicos universales. Y así bajo secretos auspicios oficiales o con la sonriente complacencia de sus Reyes o Ministros, Preston, Sommers, Gramont, Sir Walter Raleig, Sir Henry Morgan, L’Onnois, Drake, saquearon ciudades, destruyeron bajeles en los puertos o en mar abierto para apropiarse de los tesoros de su Majestad Católica.

A la par que los filibusteros socavaban el poderío del Monarca incomunicándolo de sus colonias, abrían a sus vasallos nuevas rutas de intercambio comercial, aunque clandestino, que les despejaba halagüeños horizontes a sus productos de exportación, y les procuraba mejores precios a las mercancías europeas que los criollos adquirían de mercaderes y marinos de diversas procedencias. Además, el aislamiento de la España Peninsular fue fortaleciendo en los nativos de América su espíritu autonómico, con lo cual, si el corsario no fue como lo define un historiador, agente remoto de nuestra libertad política, al menos sí resultó partícipe necesario de nuestro renaciente libre intercambio comercial.

Dentro de un marco de hostigamiento antiespañol, cuando los reveses del poderoso producen satisfacción ecuménica, aun en aquellos que con él mantienen relaciones cortesanas, diplomáticas o comerciales, o de él derivan su sustento, encontró el autor el filón explotable para su relato histórico.

Luego, una onda explosiva anda recorriendo el mundo de polo a polo, con los presagios de un profundo sacudimiento. Es que el problema no es simplemente vagabundaje de piratas, sino también un sísmico alumbramiento de la libertad. Y esta, para repetirlo con un eminente historiador americano, “no es anarquía. No es mortal disgregación. La libertad ha de detener un objetivo y una conciencia para defenderla, libertad es la conquista de la tierra abandonada. Es pan, campos labrados, industria, arte, ciencias, trabajo, desenvolvimiento de las facultades humanas, voluntad de vivir, preparación del futuro, lucha y contínuo deber. La libertad sólo puede ser obra de un pueblo, esa fuente magnífica de historia”.

Ya avanzado el Siglo XVIII, aquellos modestos Talleres nacidos en Inglaterra que congregaban a obreros y artesanos de la libertad, se han fortalecido en la Europa Continental y al otro lado del Atlántico. Han crecido como la espuma. En Francia son punto focal de la Enciclopedia; en la España Metropolitana amparan bajo sus secretas columnas a personajes de la alcurnia de don Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes y Fiscal del Consejo de Castilla, de don Pedro Pablo de Abarca y de Bolea, Décimo Conde de Aranda, Capitán General, Presidente del mismo Consejo, y don José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca, también Fiscal del Consejo Regio.

Quién creyera que tan sagradas eminencias, resultaran agentes luciferinos de esa corriente universal de siempre, que ni se instituye en Iglesia ni en antiglesia, ni se organiza en partido ni como antipartido pero que constantemente combate contra quienes a pretexto de salvar al hombre, hipotecan su conciencia, limitan su pensamiento o recortan sus ansias de progreso.

En la América sajona, indo-española o portuguesa, los mejores valores, como eslabonados a una cadena misteriosa, van confiando su protesta y canalizando sus esfuerzos, en el silencio explosivo de las logias. Dentro del sigilo, los Precursores pueden comunicarse, preparar la semilla y sembrar el árbol de la revolución, cuyas raíces ocultas agrietarán la estructura del poder. Y, cosas del destino, antes de que el sol se ponga en territorios de Su Majestad Beatífica, en Francia habrán de caer las testas embrutecidas de los Luises y en los Estados Unidos, ahítos de perfidia, Washington y sus 20 hermanos masones, los Generales de su Estado Mayor, al frente de los colonos, se habrán emancipado de la regia potestad de la Corona Anglicana.

No es que el autor pretenda sostener que la liberación americana sea obra exclusiva de masones, pero sí es curioso el crecido número de sus participantes. Nosotros que hemos tenido el privilegio de examinar la prueba documental que aquel tiene en su poder y cuya gran parte va a conocer el lector, podemos afirmar que aquellos tiene acciones muy valiosas en esa epopeya continental.

«No hay apellido ilustre de la época que no figure en su escalafón. Unos que persistieron, otros que renegaron.»

Y cuántas sorpresas nos reserva el libro cuyos detalles, en gracia de discreción no debemos adelantar. Sin embargo, queremos prevenir a quien se inicia en su lectura: No hay apellido ilustre de la época que no figure en su escalafón. Unos que persistieron, otros que renegaron, pero cuya actuación ha quedado enfocada por el ojo de la historia, para orgullo de muchos o para motivo de penitencia de algunos timoratos.

Miranda, Espejo y Nariño, primero, luego Bolívar, Santander, San Martín, y O’Higgins, son suficientes para enaltecer los cuadros lógicos de aquellos núcleos que fraguaron el primer pacto andino de la libertad política, cuya obra masónica y profana bastantea de indulgencias plenarias a quienes, pensando en locuras de algún antepasado, vayan a sentir ahora el estigma de otra especie de pecado original. Porque además, amable lector, si estás compungido, vas a encontrar entre columnas, trabajando con tu pariente prócer, a más de un Cura rebelde, ya santificado en el corazón agradecido de la Patria.

Capítulo I — Origen y luchas de la institución masónicaPágs. 19–37

De los canteros de York a la Gran Logia de Londres; de las bulas que condenaron a los masones a muerte a la noche en que Carlos III expulsó de medio mundo a la Compañía de Jesús.

Sección primera

La masonería operativa y especulativa

La actual Masonería, tal como existe hoy en Colombia y en el resto del mundo, procede de Inglaterra. Aunque venía operando anteriormente, la Orden sólo fue establecida formalmente en la ciudad de Londres en 1717, al organizarse una Gran Logia con el nombre de GRAND LODGE OF LONDON, integrada con las cuatro Logias radicadas allí, y que aun subsistían, y a las cuales podemos considerar como el vestigio de la organización masónica OPERATIVA del siglo XVIII. La Masonería en sus primeros tiempos, daba cabida a escultores, arquitectos, dibujantes, canteros, albañiles y demás especialistas en los trabajos de construcción de edificios, puentes, monasterios, catedrales, etc. La doble calidad que presentaban sus afiliados, de constructores materiales y, a la vez, de artífices de su propio templo interior, tal como lo fueron los discípulos de las antiguas Escuelas de Iniciación, impuso la necesidad de adoptar leyes especiales que correspondieran a esta combinación de actividades e ideales.

Un largo proceso de conocimientos, de experiencias y de necesidades, dentro de la práctica del ARTE REAL, dio lugar al nacimiento de la Ley Fundamental de la Masonería, que es, más que una codificación de reglas autoritarias, un Código de Moral para regular la vida de los asociados. Es una especie de columna vertebral de la fraternidad, cuya observancia es igual en todos los países.

En el año 926 se efectuo en York una gran asamblea de masones, a la cual asistieron delegados de distintas partes, con el fin de unificar los ritos que por entonces se practicaban en las diversas corporaciones masónicas. Dicha asamblea —precursora de las Grandes Logias— estuvo presidida por un hermano del Rey Athelstan de Inglaterra, y expidió la Constitución que más tarde se llamó de York. Esta Constitución adoptó en su totalidad los principios de la Ley Fundamental y por primera vez reglamentó la organización masónica. En líneas generales, las bases de dicha Constitución pueden explicarse así: el masón está obligado a obedecer la ley moral y por consiguiente sus actos deben ajustarse, rigurosamente, a su propia conciencia. Jamás podrá ser un ateo ni un dogmático en el sentido político o religioso. La tolerancia y el amor a sus semejantes deben estar presentes en todos los ángulos de su vida de relación. Debe ser hombre activo, estudioso, amante de la verdad y justo en sus conceptos y decisiones. El masón está, pues obligado a mantenerse alejado de los vicios y a procurar su propio perfeccionamiento mediante el trabajo y la superación de sus defectos. A nadie puede estorbársele su ingreso a la Masonería por razón del credo religioso que practique, ni a nadie, después de ser aceptado, se le obliga a cambiar de fe o a obrar en contra de las religiones establecidas. El masón gradualmente se somete a una disciplina de carácter moral que lo hace apto para fomentar la fraternidad entre los pueblos y los hombres. De este modo la Masonería se convierte en el centro de unión de los espíritus y las inteligencias superiores. En el seno de esta institución se observa un culto ardiente por la libertad y por ello los masones luchan contra la esclavitud en todas sus formas.

Desde febrero de 1717 se habían reunido en Asamblea General las cuatro Logias que funcionaban en Londres (Inglaterra), y el 24 de junio, día de San Juan Bautista, del mismo año, realizaron la idea lanzada por la Logia SAN PABLO, hoy, ANTIGUEDAD Nº 2 desde 1703, de fundar una autoridad central masónica. Al efecto constituyeron aquella primera Gran Logia en el mundo, la que dio impulso a la actual Masonería ESPECULATIVA, que se compone de tres grados simbólicos: Aprendiz, Compañero y Maestro. Eligieron como Gran Maestro a Anthony Sayer y a Jacobo Lamball Carpenter y al Capitán Joseph Elliot como Primero y Segundo Grandes Vigilantes, respectivamente. Venía desempeñando la jefatura de la confraternidad de los masones ingleses, el célebre arquitecto Sir Christopher Wren, (1632-1723), quien fue elegido en el cargo de Gran Maestro, desde 1685 duró desempeñando el cargo de Gran Maestro hasta 16951.

En 1739 surgió la primera diferencia entre los masones de Londres, lo que motivó el primer cisma y a la vez dio lugar a la fundación de otra Gran Logia en la misma ciudad. Después de 74 años de cisma, los Grandes Maestros de las dos Grandes Logias existentes en Inglaterra, S. A. Real el Duque de Sussex2 de la Gran Logia de Londres, llamada de los “Masones Modernos”, y S. A. R. el Duque de Kent, hermano carnal del anterior; Gran Maestro de la Gran Logia de los “Antiguos Masones”. Por mutuo acuerdo unificaron los dos cuerpos masónicos distanciados, y por un tratado firmado en Londres el 25 de noviembre de 1813 y ratificado el 1º de diciembre del mismo año, constituyeron la UNITED GRAND LODGE OF ENGLAD con sede en Londres, conocida como la Gran Logia Madre de la Masonería Simbólica en el mundo. Fue elegido Gran Maestro su Alteza Real el Duque de Sussex, el día 27 de diciembre de 1813.

El cambio de masonería Operativa a masonería Especulativa se debe a los masones ingleses Anthony Sayer, John Theophilus Desaguliers3, George Payne y James Anderson4 quienes influyeron para que se tomara un acuerdo por los miembros de las Logias que formaron la Gran Logia de Londres, en vista de la decadencia total en que se encontraban las Logias operativas, y por la circunstancia de que una fuerte crisis interna por la que atravesaba la nación inglesa a causa de los trastornos político-religiosos promovidos por la exaltación al trono del Elector de Hannover, George de Brunswick y por las actividades desplegadas por el pretendiente al trono inglés Francis Edward Stuard, y para no dejarla decaer y evitar la total extinción de la confraternidad masónica, resolvieron admitir como miembros de las Logias, a todos los ciudadanos libres y de buenas costumbres y de pulcros antecedentes que nada tuvieran que ver con la profesión y privilegios de masones constructores de templos y edificios. Con este cambio total de principios en la organización de la Masonería fueron admitidos ciudadanos de distintas profesiones y de la alta sociedad inglesa, especialmente los de la nobleza, quienes desde el comienzo de la reforma masónica fueron los escogidos para el desempeño del cargo de Gran Maestro como también los miembros de la Casa Real, quienes han venido desempeñando la Gran Maestría hasta nuestros días, en la Gran Logia Unida de Inglaterra.

1721Masonería en Francia

En 1721 los masones ingleses establecieron la Masonería en Francia. Fundaron dos logias, una en el puerto de Dunkerque y otra en la ciudad de París; la primera denominada “AMISTAD Y FRATERNIDAD” y la segunda “LUIS DE PLATA Y SANTA MARGARITA”. En los años siguientes la Masonería alcanzó auge y esplendor, pues también la nobleza francesa y los miembros de la familia real ingresaron a ella.

1738—1751Primera y segunda bula de excomunión papal contra los masones

El poder temporal del Gobierno Pontificio, ante la existencia de la Confraternidad masónica originada en Londres en 1717 y conociendo su propagación, sabiendo de sus doctrinas libertarias y antidogmáticas, que eran adversas a todo gobierno absolutista y tiránico, durante el papado del Sumo Pontífice Clemente XII, Lorenzo Corsini, receloso del peligro que ello podría causar a su gobierno, expidió el 23 de abril de 1738, la primera bula de excomunión “IN EMINENTI APOSTOLATUS”, en la cual prohibía la Francmasonería, y se condenaba a los masones a la pena de muerte, confiscación de bienes y multas, o bien, se les sentenciaba a la pena de las galeras. Por consiguiente, muchos fueron sepultados en lóbregas prisiones por el sanguinario tribunal de la Santa Inquisición. Parte de la Bula “IN EMINENTI APOSTOLATUS”, decía:

“queremos y mandamos que los obispos, prelados, superiores y ordinarios de los lugares, lo mismo que los inquisidores, procedan contra los contraventores de cualquier grado, condición, orden, dignidad, y preeminencia, que sean: que trabajen para reprimirlos y los castiguen con las penas que merecen a título de gentes sospechosas de herejías. A este efecto damos a todos y a cada uno de ellos el poder de perseguirlos y castigarlos según las vías de derecho, asumiendo en caso necesario el brazo secular”.

A su vez la Inquisición española encaminaba todas sus actividades a la persecución contra los judios “y los herejes masones” ya que estos últimos, conforme a sus principios, le negaban y desconocían sus fueros y privilegios, pues la Masonería tiene por norma y precepto que todos los hombres son iguales ante Dios y tienen los mismos derechos y lo único que los diferencia es el don de la inteligencia que les ha concedido la naturaleza, o sea Dios. Durante el reinado de Felipe V de España, en 1741, fué terrible la persecución que desató ese monarca contra la Confraternidad Masónica.

Con fecha 18 de mayo de 1751, el Gobierno Papal dándose cuenta del auge que estaba tomando la Masonería en los países europeos, ya que se alegaba que no estaba en vigor la Bula de excomunión del Papa Clemente XII y que los que se afiliaban a la francmasonería no incurrian en excomunión, el pontífice Benedicto XIV, Próspero Lambertini, confirmó la bula de su antecesor con la Constitución apostólica: “PROVIDAS ROMANORUM PONTIFICUM” la que desencadenó una nueva y encarnizada persecución en España y Portugal y en los demás países europeos, contra los masones, adelantada por la Inquisición.

Fernando VI Rey de España, expidió, influido por los jesuitas y por el Tribunal Supremo de la Santa Inquisición de Sevilla, una Real Orden en Aranjuez, el 2 de julio de 1751, prohibiendo en su reino y dominios de América la llamada Orden de la Francmasonería, bajo la pena de Real desgracia, y anunció pena de muerte para todos los individuos que hicieran parte de ella. El Consejo de Indias, alarmado ante el peligro, envió una circular reservada y confidencial a las autoridades Hispanoamericanas (agosto 21 de 1751), con el objeto de “formar lista de los sujetos militares y políticos, habitantes en estos reinos, que hayan concurrido a ese tribunal, o a sus ministros, a delatarse espontáneamente de francmasones”.6

Las más sanguinarias persecuciones por parte del Santo Tribunal de la Inquisición española y por parte de los monarcas españoles, no lograron extinguir en España las ideas de libertad de pensamiento y de defensa de los Derechos del Hombre.

En 1726 la Gran Logia de Londres fundó la primera Logia en la ciudad de Gibraltar, lugar que se encontraba bajo el dominio inglés, situada en el estrecho del mismo nombre. El Duque Felipe de Wharton (ex-Gran Maestro de la Gran Logia de Londres en 1722) Ministro inglés ante el gobierno Español, estableció la primera Logia masónica en España, en la ciudad de Madrid, el 17 de abril de 1728, con el nombre de MATRITENSE, la que recibió Carta Patente de la Gran Logia de Londres el 19 de marzo de 1729, distinguida con el Nº 50, y se reunía en la residencia del mismo Ministro. Poco después se fundaron otras Logias en Cádiz y en Sevilla, las cuales propagaron la institución en las otras ciudades de España.

1767La expulsión de los jesuitas de España y sus dominios de América

Don Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes7, miembro de una de las Logias de Madrid, en su carácter de Fiscal del Consejo de Castilla, demostró al Rey Carlos III el perjuicio que estaba recibiendo la Corona Española por las enormes adquisiciones de bienes por parte de la Iglesia católica romana. Convencido el Monarca de las razones expuestas por su Fiscal, expidió la Real Cédula el 10 de marzo de 1763 la cual prohibía a las congregaciones monásticas de modo terminante la adquisición de bienes inmuebles en su Reino para evitar el paso de bienes a manos muertas; esto determinó más tarde la secularización.

En éste estado de cosas, cuatro años más tarde (1767) fue nombrado como jefe de la Masonería española el famoso hombre de Estado don Pedro Pablo Abarca y de Bolea, décimo Conde de Aranda8, quien por sus capacidades y merecimientos fue nombrado por el Rey Carlos III Presidente del Consejo de Castilla (1766-1773), el más alto cargo que existía entonces en la monarquía española.

Como Ministro de Estado convenció al Rey Carlos III del peligro que entrañaba para la Real Corona Española la ya poderosa Compañía de Jesús en sus dominios y al efecto Carlos III9 aprobó la sugerencia del Conde Aranda sobre la expulsión de los Jesuitas. “Sometido al dictamen del Consejo de Castilla a una Junta (20 de febrero de 1767), acordáronse por consecuencia el real decreto del 27 de febrero y la Real Pragmática Sanción del 2 de abril de 1767, sobre el extrañamiento de los Jesuitas y la ocupación de sus temporalidades”.

Confiada la ejecución al Conde de Aranda, condujo con tal tino y cautela el negocio, que sus designios se cumplieron sin contratiempo alguno en la noche del 31 de marzo al primero de abril.

“El acierto en la ejecución —dice Cabarrús— que correspondió al pulso y prudencia con que se había deliberado esta providencia importante, pasará a la última posteridad”. Así, pues, con la expedición del Real Decreto por el Rey Carlos III en el Palacio del Pardo el día 27 de febrero de 1767 expulsaba de su Reino y Dominios de América a los Jesuitas, disolviendo su organización monástica. No hay pruebas que certifiquen exactamente que el Rey Carlos III fuera masón, pero se sospecha que lo pudo ser por sus actuaciones e ideas progresistas. “Muchos de los familiares y servidores napolitanos del nuevo Rey eran masones”.

“El Plan de Carlos III de Borbón y sus ministros, fue un trabajo de filigrana, estudiado y realizado con tanta inteligencia y sigilo, llevado a efecto con tanta exactitud y precisión, que tomó de sorpresa a todos los jesuitas establecidos en Españo y en todos sus Dominios de las Indias.

Expulsión llevada a efecto en el mismo día y hora, y que dio el primer golpe mortal a la Compañía de Jesús”.

Para entonces era Virrey del Nuevo Reino de Granada, don Pedro Messia de la Zerda, experto militar, Teniente General de la Real Armada, Marqués de la Vega de Armijo, Bailio de Lora Frey, caballero Gran Cruz de Justicia en la Religión de San Juan, Gentil-Hombre de Cámara de Su Majestad con llave de entrada de su consejo en el Real y Supremo de Guerra; nombrado por Real Cédula del 13 de marzo de 1760 para Virrey, Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de Granada y Presidente de la Audiencia, llegó a Santafé de Bogotá el día 24 de febrero de 1761. El Virrey Messia de la Zerda, recibió en Santafé de Bogotá el 7 de julio de 1767 varios pliegos lacrados y una orden escrita por mano del mismo Rey Carlos III en que le ordenaba que no fuesen abiertos hasta el día anterior, en que se comunicasen a los Padres Jesuitas la Real Cédula expedida en El Pardo el 27 de febrero de 1767. En pliego adjunto se le notificaba al Virrey que tuviese en absoluta reserva la Real Orden para notificarla el día 30 de julio de 1767 a los jesuitas del Nuevo Mundo, que estaban en diferentes colegios y que tomase sus medidas para que esta notificación se hiciese en el mismo día a todas las casas de Santafé, Popayán, Tunja, Panamá y otros lugares.

El Virrey nombró, con fecha 30 de julio, a los jueces ejecutores y les comunicó con estricta reserva el contenido de los despachos. Al día siguiente, 31 de julio en la noche, le fue comunicada a los Padres Jesuitas en Santafé de Bogotá la mencionada Real Cédula de su expulsión del Nuevo Reino de Granada, firmada por el Presidente del Consejo el Conde de Aranda. El Virrey había comunicado con anterioridad la expulsión de los jesuitas a las autoridades de Tunja, Honda, Pamplona, Pasto, Ciudad de Antioquia, Llanos de Casanare, y otros lugares donde se encontraba establecida la Compañía de Jesús, y el primero de agosto de 1767, en las primeras horas de la mañana, salieron de Santafé de Bogotá emprendiendo la marcha debidamente escoltados, unos para el Puerto de Cartagena y otros para el de Maracaibo, en donde fueron embarcados para Europa.

“De Cartago donde había un convento de los jesuitas y el Templo de Santo Domingo, fueron escoltados a Cartagena para su embarque”.

“Para cumplir en ese puerto (Honda) la orden del Rey Carlos III del 27 de febrero de 1767, sobre expulsión de los jesuitas, fue comisionado don José Galacio, Oficial Real y Juez de Puertos. Entonces solo había aquí cuatro padres. El 9 de agosto siguiente (1767) llegaron procedentes de Bogotá, 30 padres, y se les encerró en el convento de los franciscanos hasta el 11 en que fueron embarcados”10.

“El Gobernador de Popayán don José Ignacio Ortega cumplió la Real Cédula expulsando de la ciudad el 20 de agosto de 1767 a los jesuitas. No se les permitió llevar consigo sino el Breviaris: todos salieron a las doce de la noche. Los bienes que poseía la comunidad fueron decomisados y aplicados al erario Real. Al notificarles su expulsión allí mismo tenían que marcharse con su escolta militar”.

“El Gobernador de Cartagena don José de Sobremonte cumplió la Real Cédula de Carlos III, expulsando a los jesuitas de la Plaza de Cartagena el 31 de julio de 1767”.

“El Virrey Pedro Messia de la Zerda salió de Bogotá el 20 de septiembre de 1772 y el 31 de octubre entregó el mando a su sucesor en Cartagena. Murió en Madrid en 1783”.

El 24 de junio de 1770, trece años después de la expulsión de los jesuitas, se fundó en España, en la ciudad de Madrid, el Gran Oriente Español, siendo elegido primer Gran Maestro don Pedro Pablo Abarca y de Bolea, Conde de Aranda, y a él sucedió el Conde de Montijo, en 1790.

El Papa Pío VII por Bula de 7 de agosto de 1814, restableció la Organización eclesiástica política de los Jesuitas con el nombre de “Compañía de Jesús”. Los Jesuitas pudieron regresar a la Nueva Granada durante el gobierno conservador del prócer de la Independencia, masón General Pedro Alcántara Herrán, el 18 de junio de 1844, fecha en que llegaron a Bogotá.

1534Fundación de la Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús fue fundada por el español Iñigo de Loyola, conocido como Ignacio, nacido en el castillo de Loyola, España, en 1491, hijo de don Beltrán Yáñez de Oñaz y Loyola y de doña Marina Sánchez de Licona, décimo tercero hijo del matrimonio.

Hasta los treinta años de edad, el fundador de la Compañía de Jesús, fue soldado, participó en la defensa de la plaza de Pamplona, España, contra los ejércitos del rey de Francia en 1521 (Francisco I, 1515-1547) quedando gravemente herido en las piernas y durante su larga convalecencia, las lecturas a las cuales se dedicó lo llevaron al misticismo y escribió un texto llamado “Ejercicios Espirituales”.

En París, en unión de seis compañeros, Alfonso Salmerón, toledano; Francisco Javier, navarro; Nicolás A. de Bobadilla, palentino; Simón Rodríguez de Acebedo, portugués; Pedro Fabro, saboyano; Diego Laínez, de Trento, fundó una nueva Orden Religiosa Disciplinaria, el 15 de agosto de 1534, constituyéndose en soldado de Dios. En la ciudad de Vicenza, Italia, en 1537, dió a su organización religiosa, el nombre de “COMPAÑIA DE JESUS”.

El Papa Paulo III (Alessandro Farnese), el 27 de febrero de 1540, suscribió en Roma las Letras Pontificias con la Bula “Regimini Ecclesiae Militantis”, por la cual la “Orden de la Compañía de Jesús” quedaba reconocida por el Papado, dándole su estatuto canónico.

El fundador de la “Compañía de Jesús” don Ignacio de Loyola, murió en Roma el 31 de julio de 1556.

1773Disolución de la Compañía de Jesús

Después de que se ejecutó la Real Cédula del Rey Carlos III de España, expedida en el Palacio de El Pardo el 27 de febrero de 1767, el Papa Clemente XIV11 presionado por las Casas Reinantes de España, Portugal12 y Francia13, debido a las actividades y especulaciones mercantiles de los Jesuitas, “se vio obligado para restablecer la paz de la iglesia católica, y porque la Corte española mantenía tan vehemente sus exigencias que, si no obtenía satisfacción, no habría manera que devolviera los bienes confiscados”.

El Rey Carlos III, envió ante el Sumo Pontífice, Papa Clemente XIV a su Fiscal del Consejo de Castilla, don José Moñigo y Redondo, Conde de Floridablanca, masón, compañero del masón, don Pedro Pablo Abarca y de Bolea, Conde de Aranda, y del masón Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes, quien salió de Madrid el 16 de mayo de 1772 para Roma, a donde llegó el 4 de julio del mismo año, con la misión de tratar con el Sumo Pontífice la abolición de la Compañía de Jesús14. Recibido en audiencia por el Papa el 13 de julio, el Conde de Floridablanca le informó el deseo de su soberano Carlos III sobre la abolición de la Compañía de Jesús. Las gestiones del Embajador Español don José Moñigo y Redondo, duraron más de un año, obteniendo finalmente que el Papa Clemente XIV expidiera el Breve “DOMINUS AC REDEMPTOR” extinguiendo la Compañía de Jesús. “Al punto los soberanos de Francia y Nápoles restituían al Papa, los territorios de Aviñón y de Benevento; Portugal celebraba la noticia con Tedeún y luminarias; España se gloriaba de su triunfo, y todos los demás estados católicos acataban y se sometían a la decisión pontificia”.

El Breve en parte decía: “Inspirados por el Espíritu Santo, según confiamos movidos por el deber de establecer la concordia de la iglesia convencidos de que la Compañía de Jesús no puede ya prestar los servicios para los que fue fundada, y movidos por otras razones de prudencia y de gobierno, que guardamos en el interior de nuestro ánimo, suprimimos y extirpamos la Compañía de Jesús, sus cargos, casas e institutos” Clemente XIV.

Sección final

Francmasonería y jesuitas

“Todas las corrientes que se dirigían contra el catolicismo, la Compañía de Jesús y métodos de educación, habían encontrado una organización extendida por el mundo entero y que abarcaba todas las clases sociales, en la liga de francmasonería nacida en Inglaterra a principios del siglo XVIII; y no podía por menos de ocurrir que entre esta asociación y los jesuitas, LA CABALLERIA LIGERA DEL PAPA, estallara inmediatamente una encarnizada lucha. Nacida en las costumbres de los medioevales talleres, la HONORABLE SOCIETY and FRATERNITY of FREEMASONS estuvo en sus comienzos completamente bajo la influencia espiritual del deísmo inglés, como lo habían creado Locke, Shaftesbury y Toland; en busca de una religión natural, que extrajera su verdad solo de la razón humana, eran los francmasones adversarios, en principio de un ser superior y no querían saber nada de doctrina dogmática alguna en cuanto a la naturaleza de este ser superior. Dentro de la asociación, cada socio tenía el derecho de formarse sus propios conceptos sobre Dios; principio de tolerancia, en abierta contradicción con la inflexible interpretación única con que la Iglesia católica sostenía la revelación en su sentido literal más fiel.

También la doctrina moral de los francmasones estaba completamente de acuerdo con los principios de las luces, basada exclusivamente en supuestos y fines humanos; la virtud había de ser juzgada sólo con arreglo a las cualidades naturales del hombre, pero no según puntos de vista del PECADO ORIGINAL ni de la GRACIA; el objeto moral del francmasón no consistía en el logro de la celestial felicidad sino en el mayor perfeccionamiento posible del hombre y sus contemporáneos durante la existencia terrenal. La curia romana había visto inmediatamente el peligro que le amenazaba con una iglesia humanitaria enemiga, que apuntaba igualmente a la universalidad superpolítica y supernacional, y cuya meta era la substitución del catolicismo por UN TEMPLO DE LA HUMANIDAD. Igualmente sabía la liga de francmasones qué odio abrigaba el catolicismo contra ella; y sobre todo en los jesuitas vieron los hermanos de la liga los ENEMIGOS JURADOS DE LA FRANCMASONERIA, LOS MAS FIEROS ADVERSARIOS DE LA TOLERANCIA Y LOS DESTRUCTORES DE LA LIBERTAD.

Pronto se desarrolló junto a la francmasonería otra liga semejante: la Orden de los Iluminados, imaginada en el cimiento mismo como organización de lucha contra los jesuitas. Su fundador, Weishaupt, profesor de Ingolstadt, odiaba a los jesuitas de todo corazón y creó su liga de iluminados con la terminante intención de SERVIRSE PARA EL BIEN DE LOS MISMOS MEDIOS QUE LA ORDEN jesuita EMPLEABA PARA MALOS FINES; estos medios consistían ante todo en la implantación de un deber de obediencia incondicional, que recordaba las constituciones de Loyola; una amplia vigilancia mutua de los miembros de la Orden, así como una especie de confesión auricular que todo subalterno había de hacer a su superior.

«El objeto moral del francmasón no consistía en el logro de la celestial felicidad sino en el mayor perfeccionamiento posible del hombre.»

A pesar de la enemistad de la Iglesia, que se exteriorizó principalmente en las Bulas de condenaciones papales IN EMINENTI y PROVIDAS, se sostuvo firme la Masonería y estuvo pronto en alianza íntima como efectiva con las LUCES.

Sus adalides, Montesquieu, D’Alembert, Diderot, La Mettrie, Helvecio, La Chalotais, y Voltaire, eran miembros de la Logia de París A LAS NUEVE HERMANAS, y las obras de estos hombres, lo mismo que las doctrinas de Rousseaus, eran familiares a todos los hermanos de la Logia de aquellos días. La terminación de la gran ENCICLOPEDIA fue en parte, considerable, debido al estimulo y apoyo de la Gran Logia de París”. “En adelante dieron, las LUCES a la Masonería las armas espirituales contra la iglesia y contra los jesuitas, mientras que de otra, los francmasones pusieron a disposición de los hombres de las LUCES su poderosa organización, extendida por el mundo entero. Sólo con esto lograron una influencia realmente importante en la política, porque en aquellos días pertenecían a las Logias francmasónicas los politicos más poderosos de Europa”15.

Fue tan impetuoso el desarrollo de la Masonería en Europa, especialmente en Italia, Francia, España16 y Alemania, que fueron los miembros de ella los primeros en levantar su voz en favor de los pueblos y en contra de los privilegios y fueron de casta de las familias reinantes y del clero, al combatir los derechos divinos de que decían estaban investidos para gobernar. Tal actitud de la Masonería de entonces, —con gobiernos absolutistas— es admirable, pues el sólo pensar en modificaciones o reformas eran un crimen por considerarlo contrario a la religión y una falta de lesa Majestad al Rey y al Pontífice Romano. Con un sofisma muy hábil para poder combatir las nuevas ideas del despertar de los pueblos al pedir reformas sociales, principios de gobiernos democráticos, libertad de expresión y libre análisis, estos poderes —el del Rey y de la Santa Sede— se confabularon contra las aspiraciones ciudadanas lanzando la falsa especie de que la Masonería era enemiga y combatía la religión como único fin. Tal afirmación es inexacta puesto que la Masonería deja al hombre en absoluta libertad para profesar la religión que mejor le convenga ya que ella proclama el Principio Creador que denomina GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO al cual los pueblos llaman DIOS.

Notas del autorAparato

Notas al pie del original, reunidas aquí en el orden en que aparecen. La numeración del libro salta de la nota 4 a la nota 6: la nota 5 no figura impresa en el texto.

1

Sir Christopher Wren, en su tiempo fue el arquitecto más famoso de Inglaterra, y desempeñó el cargo de Inspector General de los Reales edificios. Construyó la célebre Catedral de San Pablo (1675-1710) para reemplazar a la vieja catedral destruída por el gran incendio de Londres en el año de 1666, y construyó cincuenta y dos iglesias más en la misma ciudad. También fue el constructor de la Biblioteca del Trinity College of Cambridge del Palacio de Kensignton, del Hospital de Chelsea, del Palacio de Marlborough y el edificio de Hampton Court. Al morir en 1710 el arquitecto masón Wren, fue sepultado en la Catedral de San Pablo en la cual se le levantó un monumento.

2

El Duque de Sussex se inició en una Logia de Berlín en 1789. Era hijo de George III Rey de Inglaterra. El 13 de abril de 1813, fue elegido Gran Maestro de la Gran Logia de Londres por renuncia que hizo de la Gran Maestría su Alteza Real el Príncipe regente de Inglaterra al coronarse rey de Inglaterra con el nombre de George IV y a la vez nombrado Gran Patrono de la Orden Masónica Inglesa en 1813. El Duque de Sussex nació el 27 de enero de 1773 y murió en Londres el 21 de abril de 1843.

3

John Theophilus Desaguliers fue el creador de la Masonería Especulativa. Murió en Londres el 28 de febrero de 1744.

4

James Anderson era pastor protestante, autor de la primera constitución de la Masonería Especulativa, aprobada por la Gran Logia de Londres el 25 de marzo de 1723. Autor de la obra “A course of Experimental Philosophy” publicada en 1734. Murió en Londres el 28 de mayo de 1739.

6

El 21 de junio de 1798 el Parlamento inglés prohibe en el territorio del Reino y sus posesiones de ultramar, las reuniones de las sociedades secretas exceptuando de esta prohibición a la Masonería, por considerarla benéfica a la educación del pueblo inglés.

7

“Don Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes, natural del Principado de Asturias. Docto intérprete del Derecho Civil, la Fiscalía y la Presidencia del Consejo de Castilla. Hombre de gran potencia intelectual y vastísima cultura, con reputación del más grande de los economistas españoles. Fogoso enemigo de los Jesuitas y partidario fervoroso de la regeneración moral de España, promotor de la reforma sobre enseñanza. Estableció el Archivo General de Indias en Sevilla, desglosando de los archivos de Simancas los papeles relativos a las colonias hispanoamericanas. Fue el Gran Conde de Campomanes el español más ilustre por sus virtudes y luces del siglo XVIII”. Pablo E. Cárdenas Acosta: “Del Vasallaje a la Insurrección de los Comuneros”. (La Provincia de Tunja en el Virreinato). Tunja. 1947. Imprenta Nacional, pág. 384.

8

Don Pedro Pablo Abarca y de Bolea, décimo Conde de Aranda, nació en Epila, Reino de Aragón, en 1719. Murió en Aragón el 7 de enero de 1798. “Este notabilísimo filántropo, de esclarecida estirpe aragonesa, era un gran señor, amigo espiritual y personal de los enciclopedistas, de vigoroso intelecto, servido por una recia voluntad; irreductible aristócrata”. “Aranda era libre pensador, en materias de religión y de fe. Luchó con ahinco por emancipar al Estado de la Iglesia; adversario obstinado de la Compañía de Jesús; prohibió a la Inquisición inmiscuirse en asuntos civiles. Sirvió en el ejército donde alcanzó el grado máximo de Capitán General. La expulsión de los jesuitas sobresale entre todos los actos públicos de este ministro insigne. Embajador en París de 1773 – 1787”.

9

Carlos III de Borbón y Farnese, nació en España el 20 de enero de 1716. Era el quinto hijo del Rey de España, Felipe V y de la Princesa romana Isabel de Farnese. Fue nombrado Duque de Parma de 1731 a 1738 y con la ayuda de los franceses se apoderó del Reino de Nápoles y de las Dos Sicilias, 1735 a 1759. Por la muerte de su hermano Fernando VI, Rey de España, heredó y ocupó el trono del Reino de España (1759-1788). Llegó a Madrid el 13 de julio del mismo año renunciando al reino de las Dos Sicilias el 10 de agosto de 1759. Fue monarca progresista, hizo muchas reformas y sostuvo la autoridad real. Murió el 14 de diciembre de 1788.

10

Monografía por Rufino Gutiérrez. Tomo 1, página 258. Bogotá, 1820.

11

Se acusa a los Jesuitas de haber envenenado al Papa Clemente XIV.

12

El Rey José I de Portugal ayudado por su Ministro de Estado don Sebastián José de Carvalho e Mello, Conde de Ocyras y Marqués de Pombal, (1699-1782) expulsó de su Reino y dominios a los Jesuitas el 3 de septiembre de 1759.

13

El Rey Luis XV de Francia expulsó de su Reino a los Jesuitas en 1762.

14

Para esa época era General de la Compañía de Jesús el florentino Lorenzo Ricci. El Papa Pío VII (Bernabé Luigi Chiaramonti) por Bula del 7 de agosto de 1814, restableció la Compañía de Jesús y fue elegido como su General, el polaco Taddeo Borzogowscky.

15

RENE FULOP-MILLER: El poder de los secretos de los Jesuitas, Biblioteca Nueva. Madrid, 1929, páginas 504-505.

16

Revista ESTUDIO, Organo del Centro de Historia de Santander Nº 61-64, Bucaramanga, Enero-Abril 1937. Reseña la obra GIRON EN EL SIGLO XVIII por Francisco Serrano Muñoz, Año 1768. Archivo del Consejo del Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de San Juan Girón, de la Gobernación de la Provincia de San Juan Girón en el Reino de la Nueva Granada, a página 56 dice: “Don Juan Alonso Carriazo informaba a los influyentes de Girón, que al salir él de España había mucha alarma en los países de Europa por la rebeldía de Voltaire y Rousseau contra el Pontificado, agravada con la organización de una sociedad secreta llamada Francmasonería, en la que se hacía uso de simbolismos ridículos”. (Juan Alonso Carriazo, oriundo de Burgos, España, establecido en Girón desde 1759 y tenía una tienda en esa localidad).

Nota de esta edición

El texto se transcribe íntegro y sin enmiendas: se conservan la ortografía, la acentuación y las grafías propias del original de 1966 —Englad, Stuard, Moñigo, Raleig— así como la ortografía del siglo XVIII en el Real Decreto.

Las palabras perdidas por el recorte del escaneo se restituyen entre corchetes. Las llamadas del autor, impresas (1) en el original, aparecen voladas; sus notas se reúnen al final. Las láminas del libro se omiten en esta edición digital.

Fin de la primera entrega. La segunda continúa con el capítulo II, La masonería en América en el siglo XVIII: las islas del Caribe, Joseph Cerneau y las logias militares de la revolución norteamericana.

07 — Dudas frecuentes

Preguntas Frecuentes

¿Qué es un masón?

Un masón es una persona libre y de buenas costumbres que ha sido admitida en una logia regular y que se compromete a trabajar en su propio perfeccionamiento moral, en el respeto a las leyes de su país y en el servicio a los demás. No es un iniciado en poderes ocultos ni miembro de un círculo de influencias: es alguien que acepta someter su conducta a un examen constante y hacerlo en compañía de otros.

¿Cómo puedo unirme?

La masonería no recluta: se ingresa por solicitud propia y libre. Quien desee acercarse puede escribir a la Secretaría de la logia manifestando su interés. Sigue un período de conversación y conocimiento mutuo, en el que se verifican los requisitos generales —mayoría de edad, honorabilidad, medios de vida honestos y disposición al estudio— y en el que el aspirante puede resolver todas sus dudas antes de decidir. El proceso es reposado y sin compromiso.

¿La masonería es una religión?

No. La masonería no es una religión ni la sustituye: no tiene dogmas, ni culto, ni teología, ni ofrece salvación alguna. Admite a hombres de distintas confesiones y exige a todos el mismo respeto por las creencias ajenas; por eso las discusiones religiosas están expresamente excluidas de sus trabajos. Cada miembro conserva y practica libremente su propia fe, o su ausencia de ella, fuera del taller.

¿Es una sociedad secreta?

No. Es una sociedad discreta, que no es lo mismo. Sus principios, su historia, sus constituciones y sus sedes son públicos —esta misma página lo demuestra—. Lo que se reserva es el carácter privado de sus reuniones, la identidad de quienes prefieren no divulgarla y las formas rituales que solo tienen sentido para quien las ha recibido, del mismo modo que cualquier asociación privada administra sus asuntos internos.

08 — Escríbanos

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